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Acerca de los Trastornos de Ansiedad

by Anita Gurian, Ph.D. y Robin F. Goodman, Ph.D.

Introducción

La ansiedad es una emoción normal y natural que experimenta la mayoría de los seres humanos. Sin embargo, un niño con trastorno de ansiedad experimenta la ansiedad más marcadamente y con más rapidez que otras personas, y se preocupa excesivamente a tal punto que interfiere con el resto de su vida. La ansiedad puede tener que ver con la separación, con algo catastrófico que esté ocurriendo, con ser juzgado, o puede experimentarse en situaciones sociales. Los niños y adolescentes pueden presentar también los síntomas típicos de ataques de pánico que sufren los adultos. Los trastornos de ansiedad son causados generalmente por una combinación de factores biológicos y situacionales. Padres e hijos pueden ver esto con optimismo porque los trastornos de ansiedad se encuentran entre los trastornos mentales que se tratan con más facilidad y eficacia con la terapia conductual cognitiva y medicación.

Historias de la vida real

Charlie, quien tiene ahora 11 años, está comenzando 6.º grado en una escuela intermedia. Cada septiembre, desde el jardín de niños, el comienzo de las clases ha sido una lucha para él. Este año su preocupación aumentó con la carga adicional de empezar en una nueva escuela, y al llegar noviembre, había perdido veintiséis días de clase. Su desempeño académico ha desmejorado y sus maestros le han asignado tareas para el hogar. Charlie insiste en que no puede completarlas sin la presencia de su mamá. Le preocupa que algo malo pueda ocurrirle a su mamá mientras él está en la escuela.

Corinne es una niña de 14 años de edad, su madre trató de hacer todo lo posible para lograr que ella ingresara a un club fuera del horario escolar o aceptara invitaciones para asistir a fiestas en las casas de sus compañeros. Corinne decía que prefería quedarse en su casa leyendo, creía que no encajaba con sus amigos y no sabía qué decirles. Una vez que aceptó salir con su primo tardó horas en maquillarse porque no creía lucir lo suficientemente bien.

A Charlie se le diagnosticó trastorno de ansiedad por separación, y a Corinne fobia social. Ambos son trastornos de ansiedad.

¿Cuáles son los síntomas?

Todos nos preocupamos en algún momento, pero hay algunas personas, incluso niños, que no pueden dejar de pensar en sus preocupaciones ni ignorarlas. Se estima que entre un cinco y un veinte por ciento de todos los niños ha recibido un diagnóstico de algún tipo de trastorno de ansiedad, lo que lo hace el problema de salud mental de introversión más común que enfrentan los niños. Los estudios sugieren también que los adolescentes con algún trastorno de ansiedad están en situación de riesgo, ya que pueden desarrollar una depresión mayor. A pesar de que negarse a asistir al colegio no es una categoría específica de la ansiedad que nos permita realizar el diagnóstico, es importante identificar el tipo específico de ansiedad que impide que el niño asista a la escuela. Los tipos de trastornos de ansiedad más comunes en la juventud son los siguientes:

El trastorno de ansiedad por separación (TAS) que se caracteriza por el miedo extremo por parte del niño a separarse de la persona que le brinda cuidados primarios o a alejarse del hogar. Los miedos principales de los niños con TAS tienen que ver con perderse o con que algo terrible les ocurra a ellos o a sus padres. Estos niños generalmente se niegan a dormir solos y suelen pasarse a la cama de sus padres durante la noche. Pueden sostener que sufren pesadillas, dolores de cabeza u otros síntomas físicos, y a menudo se niegan a asistir a la escuela por su miedo a la separación. Aproximadamente un cuatro por ciento de todos los niños padecen de TAS, que no debe confundirse con la ansiedad normal de la separación que presentan niños entre los dieciocho meses y los tres años de edad, o el trastorno de ansiedad social que se observa generalmente entre los siete y once meses de edad. Para recibir el diagnóstico de trastorno de ansiedad por separación, el niño debe tener síntomas puntuales de ansiedad excesiva durante al menos cuatro semanas.

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) que se presenta como preocupación incontrolable y excesiva. Los niños con TAG se preocupan por muchas cosas, por ejemplo el futuro, llegar a tiempo a sus citas, la salud, el desempeño escolar, el delito, el cambio en la rutina y por problemas familiares. En general, el niño se preocupa cuando en realidad no existe tal problema ni ninguna circunstancia real que cause la preocupación. El TAG suele acompañarse también con tensión o dolor muscular, dificultades para concentrarse, insomnio, irritabilidad u otros síntomas físicos. Para cumplir con los criterios de diagnóstico, el niño debe manifestar por lo menos un signo físico de ansiedad, tal como inquietud o dificultades para conciliar el sueño, durante la mayor parte del tiempo en los últimos seis meses.

La fobia social (social phobia, SOC) que se refiere al miedo excesivo a recibir una evaluación negativa o ser rechazado, humillado o avergonzado ante los demás. Por lo tanto, los niños y adolescentes con fobia social le temen a un amplio espectro de situaciones tales como dar presentaciones orales, clases de gimnasia, hablar con adultos o sus pares, iniciar una conversación o sumarse a ella, comer en público y presentar exámenes. Pueden temerle también a personas desconocidas, y por lo tanto, se les hace difícil hacer amigos o conocer gente nueva. El término "es tan tímido que produce dolor" es una descripción acertada. Algunos estudios indican que los jóvenes con fobia social pueden tener mayor riesgo frente a otros problemas de la adolescencia o adultez, como por ejemplo problemas con la bebida o depresión que son el resultado en parte por el aislamiento y el contacto social limitado.

El trastorno de pánico con o sin agorafobia (TP) que se reconoce por los síntomas clásicos de un ataque de pánico tales como falta de aliento, palpitaciones, hormigueo y sensaciones de adormecimiento, oleadas de frío o calor, y terror al encontrarse en ciertos lugares o situaciones. Durante un ataque de pánico el niño siente miedo o incomodidad intensa, una sensación de muerte inminente o de irrealidad. Los ataques de pánico pueden o no estar acompañados por agorafobia, el miedo a quedar atrapado en una situación en la que no exista ayuda o escape. Los ataques de pánico son menos frecuentes en los niños, pero son comunes en los adolescentes.

¿Quiénes son más propensos a tener trastornos de ansiedad?

Los niños de todas las edades tienen preocupaciones, pero cuando las preocupaciones y los miedos no desaparecen, no son apropiados para la edad e impiden que los niños se involucren en sus actividades habituales del modo que habitualmente lo hacen, podemos estar hablando de un trastorno de ansiedad. Por ejemplo, un niño puede estar tan preocupado por sacar la nota más alta en un examen que estudia sin parar o puede estar tan asustado de no conocer la respuesta correcta que nunca levanta la mano. Los adolescentes con trastorno de ansiedad buscan controlar o evitar una situación que les genera ansiedad, o llamar la atención. Un trastorno de ansiedad puede ocurrir aparentemente sin previo aviso o estar presente desde hace tiempo sin que nadie se dé cuenta de qué es. Cuanto antes se dispare la enfermedad, mayores serán las posibilidades de que el niño sufra múltiples trastornos de ansiedad u otros asociados tales como depresión, antes de llegar a la adolescencia.

¿Por qué sucede?

Los trastornos de ansiedad son el resultado de una combinación de influencias biológicas y familiares. Los estudios sugieren que los niños pequeños que temperamentalmente (al nacer) son tímidos o dubitativos en situaciones desconocidas tienen más probabilidades de sufrir ansiedad. Algunas investigaciones sugieren que la ansiedad puede deberse a un desequilibrio químico que involucra a la norepinefrina y la serotonina. Sin embargo, es necesario que se lleven a cabo más investigaciones para estudiar la relación entre la ansiedad y la serotonina. Otras investigaciones involucran mecanismos específicos del cerebro, que incluyen hormonas y funciones respiratorias, como caminos potenciales hacia la ansiedad. Los trastornos de ansiedad tienden a ser herencias de familia, pero todavía no se comprende claramente la compleja relación entre los genes, los sistemas biológicos y la ansiedad. Aún más, la evidencia sugiere que la ansiedad y las reacciones fóbicas pueden aprenderse ya sea a través de experiencia directa o de observar a otros.

¿Cómo se trata?

Estando seguros del diagnóstico. Para decidir si un niño o adolescente tiene un trastorno de ansiedad, los profesionales necesitarán información sobre cómo ha sido la ansiedad del niño y si ha continuado a pesar de las medidas que se hayan tomado para aliviarla. Ellos decidirán si los miedos son normales para la edad del niño y evaluarán el grado en que la ansiedad interfiere con la vida del niño. También examinarán de cerca a las personas o situaciones que inconscientemente estén reforzando los comportamientos ansiosos del niño.

Con medicamentos. Pueden recetarse medicamentos que actúen directamente sobre el sistema nervioso central y el cerebro para ayudar al niño a sentirse más calmado mientras trabaja para lograr un funcionamiento diario más sano.

Con terapia conductual cognitiva (TCC). Esta terapia es efectiva para ayudar al niño o adolescente a controlar la ansiedad y volver nuevamente a una vida normal. La TCC incluye educación sobre la naturaleza de la ansiedad y enseñanza de habilidades específicas para controlar las sensaciones físicas, los pensamientos negativos y los comportamientos problemáticos que acompañan a la ansiedad. A través de la TCC los sujetos aprenden, paso a paso, a controlar las situaciones que causan ansiedad.

Con terapia combinada. La terapia combinada implica la combinación de medicación y TCC. Esto son buenas noticias porque los comportamientos y las reacciones que se aprenden pueden modificarse, y a través de la TCC pueden enseñarse estrategias para afrontar estos problemas.

Preguntas y respuestas

¿Por qué mi hijo se volvió tan ansioso? ¿Es mi culpa?

Buscar culpables no es productivo ni para los padres ni para el niño. Es muy probable que los trastornos de ansiedad sean el resultado de la interacción entre la sensibilidad biológica y la experiencia del niño. Los niños reaccionan físicamente de manera ansiosa ante varias situaciones, especialmente cuando sienten que no están en control. Además, pueden distorsionar o exagerar los eventos en sus mentes, por ejemplo, piensan que si algo puede ocurrirle a alguien también puede ocurrirle a ellos y de manera aún peor. Este proceso de pensamiento se denomina catastrofizar.

¿No será esta tan solo una fase por la que atraviesa mi hijo? Es normal estar asustado a veces.

Los trastornos de ansiedad pueden comenzar en la infancia y ser un problema crónico. Es verdad que todos los niños atraviesan fases cuando se preocupan más por las cosas que antes. Pero este tipo de preocupación es distinto de la ansiedad que interfiere con la vida en el hogar, el desempeño académico, la relación con los compañeros y la habilidad de distraerse y superar el problema.

¿A qué debo prestar atención si creo que mi hijo tiene un verdadero problema de ansiedad?

Con la ayuda de un profesional es importante identificar cuán intensos son los síntomas, si las reacciones y los comportamientos son extremos, y por cuánto tiempo ha persistido el problema.

¿Será siempre así mi hijo?

Todos debemos aprender a vivir con cierto grado de ansiedad. Por suerte, los trastornos de ansiedad son altamente tratables. El tratamiento adecuado puede reducir los problemas o impedir que reaparezcan en el 70 a 90% de los pacientes. A través de los tratamientos conductuales cognitivos se les enseña a los niños a controlar tanto los síntomas físicos como las reacciones conductuales. Por ejemplo, a los niños se les enseñan técnicas de control y manejo como la relajación y frases de control para que se las digan a sí mismos cuando la ansiedad esté en su nivel más alto.

¿Cómo educo a un niño con algún trastorno de ansiedad?

Con buenas intenciones los padres pueden rescatar a sus hijos. Trate de consolarlos y calmarlos cuando se sientan ansiosos e irritables. Este enfoque, sin embargo, puede enseñarle al niño a darse por vencido rápidamente y confiar en terceros para hacerlo sentirse mejor. A pesar de que sea difícil, los padres deberían dejar que su hijo sienta cierta molestia, preguntarle qué le ocurre y hacerlo pensar en lo que debería hacer. De esta manera los padres le permiten al niño experimentar una lucha interna en vez de ser rescatado. Los padres ayudan a que el niño elija entre distintas maneras de manejar la situación y deberían felicitarlo tanto por los intentos como por el éxito logrado.

Sobre la autora

La Dra. Robin F. Goodman es psicóloga clínica y está realizando su especialización en temas relacionados con el duelo.