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Cómo Hablar con los Niños Sobre el Terrorismo y los Actos de Guerra

by Robin F. Goodman, Ph.D.

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Actualizado por la doctora Marylene Cloitre.

Los informes sobre ataques en diferentes lugares del mundo pueden provocar entre los niños preguntas sobre la guerra y el terrorismo. En los diversos artículos que se presentan a continuación se analizan muchas preguntas que los padres tienen sobre el terrorismo, que incluyen cómo explicarles a los niños qué es el terrorismo, cuánta información se les debe dar, cómo evaluar las reacciones emocionales de los niños y cómo brindarles comodidad y sensación de seguridad.

Introducción

Los niños hacen muchas preguntas complicadas; sin embargo, las preguntas sobre los actos de terrorismo o guerra son algunas de las más difíciles de responder. Especialmente cuando las noticias proporcionan detalles gráficos e inmediatos, los padres se preguntan si deben proteger a sus niños de la realidad atroz, analizar el tema o compartir sus creencias personales. Los profesionales pueden preguntarse cuánta información deben brindar o cómo deben ayudar a los niños si se sienten confundidos o preocupados. Y todos los adultos deben conciliar con el dilema de apoyar la no violencia mientras que a la vez deben explicar qué es el terrorismo y por qué las naciones tienen ejércitos y van a la guerra. Esta guía ayuda a responder a algunas de las preguntas e inquietudes comunes que los padres y profesionales tienen sobre cómo hablar con los niños sobre el terrorismo y la guerra.

¿Cómo reaccionan los niños frente a las noticias sobre la guerra y el terrorismo?

La edad y la personalidad individual de los niños influyen en la forma en que reaccionan frente a las historias que escuchan o las imágenes que ven sobre los actos de violencia en los periódicos y la televisión. Con respecto a la edad, los niños en edad preescolar pueden ser los más afectados por las imágenes que ven y los sonidos que escuchan. Los niños de esta edad confunden los hechos con las fantasías y el miedo al peligro. Pueden abrumarse fácilmente. Todavía no tienen la capacidad de mantener una perspectiva sobre las cosas y quizás no puedan bloquear los pensamientos perturbadores. Los niños en edad escolar definitivamente pueden comprender la diferencia entre la fantasía y la realidad, pero pueden tener problemas para mantenerlas separadas en ciertos momentos. Por lo tanto, pueden relacionar una escena de una película de miedo con las imágenes de las noticias y pensar que los hechos de las noticias son peores de que lo realmente son. También pueden no darse cuenta de que un mismo incidente se publica reiteradamente y pueden pensar que hay más gente afectada que la que hay en realidad. Además, la naturaleza gráfica e inmediata de las noticias da la impresión de que el conflicto se desarrolla cerca de nuestro hogar, quizás a la vuelta de la esquina. Los niños de la escuela escuela intermedia y secundaria pueden interesarse o intrigarse por la política de una situación y pueden sentir la necesidad de adoptar una postura o hacer algo. Pueden mostrar un deseo de involucrarse en actividades políticas o benéficas relacionadas con los actos de violencia.

Además de la edad y madurez, el estilo de personalidad y temperamento de los niños pueden influir en su respuesta. Algunos niños son naturalmente más propensos a tener miedo y, por ende, las noticias sobre una situación peligrosa pueden intensificar sus sentimientos de ansiedad. Algunos niños o adolescentes pueden ser más sensibles a la situación, o conocer más sobre ella si son de la misma nacionalidad que quienes están combatiendo. Los niños que conocen a alguien involucrado en el área de los actos pueden verse especialmente afectados por los hechos.

Los niños y adolescentes también personalizarán las noticias que escuchan, relacionándolas con los hechos o problemas que acontecen en sus propias vidas. Los niños pequeños en general se preocupan más por la separación de sus padres, sobre lo bueno y lo malo, y el miedo de recibir un castigo. Pueden hacer preguntas sobre los niños que ven en las noticias que están solos o plantear temas relacionados con su propia conducta correcta o incorrecta. Los jóvenes que asisten a la escuela intermedia se encuentran en medio de la lucha o competencia entre compañeros y desarrollan una actitud moral madura. Las preocupaciones sobre la equidad y el castigo prevalecerán más entre este grupo. Los adolescentes consideran temas más amplios relacionados con la ética, la política e incluso con su propia participación en una posible respuesta a través de las fuerzas militares. Los adolescentes, al igual que los adultos, pueden reflexionar más sobre la vida y pueden hacer un análisis de sus prioridades e intereses.

Por otro lado, algunos niños pueden tornarse inmunes al sufrimiento que ven en las noticias o ignorarlo. Pueden sobrecargarse y tornarse insensibles debido a la naturaleza repetitiva de los informes. La exposición a múltiples formas de violencia, como los videojuegos, dificulta la aceptación y comprensión del verdadero costo humano de las tragedias. Los padres y profesionales deben estar alertas ante las soluciones extremas de los niños a partir de lo que han visto en las películas. Una respuesta impulsiva o arrogante resultaría imprudente y debe situarse en el contexto del conflicto real.

¿Cómo puedo determinar lo que un niño está pensando o sintiendo en relación con el acto terrorista o de guerra?

No siempre es posible juzgar si el niño siente temor o preocupación por las noticias que escucha o cuándo sucede esto. Los niños pueden ser reacios a hablar sobre sus miedos o quizás pueden no darse cuenta de cómo les afectan las noticias. Los padres pueden buscar claves sobre cuál es la reacción de su hijo. Los juegos bélicos no necesariamente indican que hay un problema. Es normal que los niños se involucren en juegos bélicos y esto puede incrementarse en respuesta a los hechos actuales, ya que trabajan activamente con la información, imitan, actúan o resuelven problemas en diferentes situaciones. Las conductas regresivas, cuando los niños se involucran en conductas esperadas de un niño más pequeño, las conductas extremadamente agresivas o retraídas, las pesadillas o una obsesión con la violencia pueden indicar la existencia de reacciones extremas que necesitan mayor atención.

También es necesario abordar los miedos personales y particulares de un niño. Los padres no deben suponer nada acerca de las preocupaciones del niño. Los padres a menudo se sorprenden por las preocupaciones de un niño, por ejemplo, preocupaciones por recibir un disparo en la escuela dominical o la negación a ir a pasear en bote después de ver el ataque a un barco.

¿Cómo debo hablar con los niños sobre un acto terrorista o de guerra?

Contrariamente a lo que los padres temen, hablar sobre actos de violencia no incrementará el miedo de un niño. Dejar que los niños conserven sentimientos de temor es más peligroso que sostener una discusión abierta. Al igual que con otros temas, considere la edad y el nivel de comprensión del niño cuando inicie una discusión. Incluso los niños de tan solo 4 ó 5 años conocen sobre actos de violencia; sin embargo, todos los niños quizás no sepan cómo hablar sobre sus preocupaciones. A menudo resulta necesario que sean los padres quienes inicien el diálogo. Es un buen comienzo preguntarles a los niños qué escucharon o qué piensan. Los padres deben abstenerse de disertar o enseñar sobre esos temas hasta que se haya analizado qué es lo más importante, confuso o problemático para el niño. Los adultos deben buscar las oportunidades a medida que surgen, por ejemplo, cuando ven las noticias todos juntos. También pueden buscar ocasiones para el diálogo cuando surgen temas importantes relacionados. Por ejemplo, cuando las personas en un programa de televisión están discutiendo. La discusión sobre temas más amplios, como la tolerancia, las diferencias y la resolución de problemas sin violencia también puede estimularse a partir de las noticias. Aprender sobre una cultura o región extranjera también disipa mitos y señala de manera más precisa similitudes y diferencias.

Los hechos violentos lejanos pueden estimular una conversación sobre la resolución de problemas sin violencia que se puede aplicar a los problemas más cercanos al hogar. Por ejemplo, ayudar a los niños a negociar cómo compartir los juguetes o turnarse en la formación de béisbol demuestra estrategias productivas para manejar las diferencias. Los niños más grandes pueden comprender los problemas cuando se relacionan con alguna discusión de la comunidad, por ejemplo, sobre la proposición de abrir un centro comercial. Las formas eficaces de resolver estas situaciones más personales pueden ayudar a explicar y examinar las situaciones violentas remotas.

Los adultos también deben respetar el deseo del niño de no hablar sobre temas particulares hasta que estén preparados. Prestar atención a las reacciones no verbales, como la postura o expresión facial, la conducta de juego, el tono verbal o el contenido de la expresión de un niño ofrece claves importantes de las reacciones de un niño y de la necesidad no manifiesta de hablar.

Responder a preguntas y abordar los miedos son asuntos que no necesariamente suceden al mismo tiempo, en una sola sesión ni en un solo plan de la lección de historia. Los temas de las noticias pueden surgir o tornarse visibles con el transcurso del tiempo, por lo que la discusión sobre la guerra debe realizarse de manera permanente y según vaya surgiendo.

¿Debo dejar que un niño mire televisión o lea sobre el terrorismo o la guerra?

Los padres y profesionales pueden asumir que la mayoría de los niños tiene acceso a la información o escucha sobre hechos actuales que forman parte de las noticias. No obstante, comprender la edad y el estilo de personalidad del niño determina la cantidad de acceso directo que deben proporcionar los adultos. Mirar, leer o analizar las noticias todos juntos es la mejor forma de medir la reacción de un niño y de ayudar al niño o adolescente a afrontar la información. Al analizar lo que se ve o escucha cuando están juntos, los padres y profesionales se informan más sobre la forma en que los niños procesan el material y cómo se sienten al respecto. También brinda un espacio de discusión preparado para analizar el tema de la guerra y la violencia. De esta forma, resulta más beneficioso corregir la información errónea y analizar los sentimientos personales.

¿Debo darle mi opinión a mi hijo?

El terrorismo y la guerra brindan una oportunidad perfecta para analizar los temas del prejuicio, la estereotipación y la agresión, y las formas no violentas de afrontar determinadas situaciones. Lamentablemente, resulta fácil buscar y delegar la culpa, en parte para lograr comprender una situación y sentir que se podía evitar. Los adultos deben supervisar sus propias comunicaciones y tener cuidado de no generalizar sobre los grupos de personas. Esto deshumaniza la situación. Se recomienda iniciar una discusión abierta y sincera. Sin embargo, los adultos deben estar atentos a no dar sus opiniones como hechos o absolutos. Las discusiones deben dar lugar al desacuerdo y la manifestación de diferentes puntos de vista. Sentir que su opinión es incorrecta o mal entendida puede hacer que los niños se alejen del diálogo o hacerlos sentir que son malos o ineptos. Al analizar cómo la guerra o el terrorismo a menudo derivan de conflictos interpersonales, malentendidos o diferencias de religión o cultura, resulta importante para ejemplificar la tolerancia. Aceptar y comprender la opinión de los demás es un paso necesario en la resolución de conflictos sin violencia.

La distinción entre patriotismo y opinión puede resultar útil. Se puede estar en desacuerdo con una causa o acción, pero seguir creyendo en el derecho de tener armas o sentir que es importante defender un país. La manera en que se resuelven los problemas debe distanciarse de la lealtad o las creencias personales propias.

¿Qué debo hacer para tranquilizar a un niño?

No rechace los miedos de un niño. Los niños pueden sentirse avergonzados o criticados cuando se minimizan sus miedos. Analizar los temas y utilizar formas positivas de afrontarlas ayuda a los niños a dominar su miedo y ansiedad. Los padres y profesionales pueden tranquilizar al niño proporcionándole hechos sobre cómo se protegen a las personas (por ejemplo, por la acción de la policía de la comunidad o del presidente que se reúne con líderes mundiales) y medidas de seguridad individuales que se pueden tomar (por ejemplo, reforzar la importancia de hablar con un adulto cuando se es víctima de la acción de algún buscapleitos ). Evitar los miedos provocados por el “qué sucedería si” al ofrecer información confiable y sincera es la mejor opción. Mantener rutinas y estructuras también les brinda tranquilidad a los niños y los ayuda a normalizar un hecho y a restaurar el sentido de la seguridad.

¿Qué debo hacer si conocemos a alguien en el área de conflicto o terrorismo?

Tener una relación personal con alguien en el área de conflicto o que sea blanco del terrorismo puede provocar sentimientos adicionales particularmente perturbadores. Cuando un amigo o familiar se ve involucrado en un hecho traumático de interés periodístico, los demás generalmente buscan información. Se recomienda buscar la fuente de información más confiable y filtrar tanto la cantidad como la calidad de las noticias posiblemente imprecisas que se le proporcionan al público en general. Contar con información precisa nos informa sobre la mejor forma de comunicarse con la persona y la posibilidad de enviar ayuda. Hacer las cosas una por vez, siendo realista con respecto a lo que se sabe en vez de prepararse para lo peor, puede resultar difícil pero útil. Imaginarse lo peor no evita que suceda y puede convertir una situación impredecible en una situación innecesariamente sombría. Recibir ayuda de otros que se encuentren en una situación similar compartiendo información o sentimientos ayuda a algunas personas a sentirse menos solas y valida sus sentimientos de preocupación. Los adultos pueden compartir sus miedos pero deben controlar sus propias reacciones de confusión para no asustar a sus hijos o a los estudiantes. Involucrarse en algunas actividades normales de la vida, especialmente comer, dormir, ir a la escuela y al trabajo, brinda estabilidad y previsibilidad en un momento en el que los hechos hacen que la vida parezca confusa.

Sobre la autora

La Dra. Robin F. Goodman es psicóloga clínica y está realizando su especialización en temas relacionados con el duelo.