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Formas de Criar a Los Hijos/Temperamento de Los Hijos: La Combinación

by Anita Gurian, Ph.D.

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Introducción

Joel D, cuando nació su hija:
"La idea de ser padre es hermosa, pero asusta un poquito, ¿qué pasa si lo haces mal? Hay tanto que aprender y tantas cosas que decidir".

La vida de los padres cambia con la llegada de un hijo. Desde el primer momento deben tomar decisiones: biberón o leche materna, tipo de cochecito, niñera o guardería, trabajar o quedarme en casa, y la lista continúa. A medida que los niños crecen, las decisiones no disminuyen, cambian: escuela, comidas, mesada, actividades extra escolares, amistades, vacaciones. A pesar de que las soluciones a estos problemas diarios individuales son importantes, es el estilo general de los padres y su actitud lo que cuenta, ya que influyen, enseñan y socializan a sus hijos.

Formas de criar a los hijos: ¿qué es esto?

Como todos los padres saben, ser padres es complejo, y no hay respuestas sencillas. Cómo se conjugan muchas de las acciones y actitudes específicas de los padres afecta el desarrollo de los niños. Al hablar de "formas de criar a los hijos" nos referimos al patrón general amplio de acciones de los padres, y no a un acto específico.

Formas de criar a los hijos
La descripción de las distintas formas de criar a los hijos surgió del trabajo de Diana Baumrind y otros investigadores del desarrollo del niño. Observaron a aquellos niños que tenían las cualidades que la mayoría de nosotros querría en nuestros hijos: independencia, madurez, autoconfianza, autocontrol, curiosidad, cordialidad y orientación hacia el logro. Luego los investigadores entrevistaron a los padres de estos niños para conocer qué elementos de la crianza fomentaron estas cualidades. Identificaron dos ingredientes importantes: a) dar respuestas o calidez y apoyo, y b) ser exigentes o controlar los comportamientos. Las descripciones de las cuatro formas de criar a los hijos, que se indican a continuación, se basan en estos elementos.

Autoritario o extremadamente estricto, se refiere a padres altamente controladores. Ellos determinan cómo debería comportarse el niño. Ponen énfasis en la obediencia a la autoridad y no dan lugar a la discusión. Son exigentes y directivos. Esperan que sus órdenes sean cumplidas y no fomentan el intercambio de opiniones. Tienen bajos niveles de sensibilidad y esperan que sus hijos no cuestionen sus decisiones.

Autoritativo o moderado, se refiere a aquellos padres que fijan límites y confían en las consecuencias naturales para que el niño aprenda de sus propios errores. El padre autoritativo le explica al niño por qué son importantes las reglas y por qué deben seguirse. Los padres autoritativos razonan con sus hijos y consideran el punto de vista del niño a pesar de que pueden no estar de acuerdo. Son firmes, con ternura, calidez y amor. Fijan estándares altos y alientan a sus hijos a ser independientes.

Permisivo o indulgente, se refiere a aquellos padres que son cálidos y aceptan la disensión, pero que ejercen poco control. No fijan límites y permiten que el niño establezca sus propias reglas, horarios y actividades. Los padres permisivos no demandan los altos niveles de comportamiento que demandan los padres autoritarios y autoritativos.

Los padres desinteresados exigen muy poco y responden mínimamente. En casos extremos, esta forma de criar a los hijos puede implicar abandono o rechazo.

¿Cómo afectan a los niños las formas en que han sido criados?

La investigación sugiere que los niños que mejor se ubican, particularmente en términos de competencia social, han tenido padres con estilo autoritativo o moderado. Estos padres logran equilibrar exigencias altas y claras con respuesta emocional y respeto por la autonomía del niño. Tanto en el caso del estilo autoritario como en el del autoritativo, los padres tienen altas expectativas con respecto al niño y utilizan el control; pero el padre demasiado estricto espera que el niño acepte ciegamente los juicios de los padres y prácticamente no le permite expresarse libremente. Los hijos de padres demasiado estrictos dependen de la voz de la autoridad y carecen de espontaneidad. Por el contrario, el padre autoritativo le permite al niño expresarse con cierto grado de libertad para que pueda desarrollar un sentido de la independencia. Los padres permisivos exigen poco y se ha encontrado que sus hijos tienen dificultad para controlar sus impulsos, son inmaduros y no desean aceptar la responsabilidad.

Un ejemplo del efecto que la forma de crianza tiene en el desarrollo del niño se publicó en la edición de junio de 2006 de Pediatrics. Un equipo de investigación liderado por el Dr. Kyung E. Rhee, un pediatra del Boston Medical Center, analizó los datos de 872 niños provistos por el Instituto Nacional de Salud y Desarrollo Infantil (National Institute of Child Health and Human Development). Evaluaron la relación entre el estilo de crianza del niño, medido cuando los niños tenían 4 años y medio de edad, y su peso dos años después. Para ese momento más del 11% de los niños tenía sobrepeso y un 13.4% adicional se consideraba que estaba en situación de riesgo. Los niños de madres autoritarias tenían cinco veces más posibilidades de sufrir sobrepeso comparado con los niños de madres autoritativas, y los hijos de padres permisivos o desinteresados tenían más de tres veces este riesgo. Los investigadores establecieron que una crianza demasiado estricta puede tener un impacto negativo en el peso porque el niño puede no aprender a comer sobre la base del hambre y la saciedad. En estas familias los padres pueden utilizar la comida como premio, insistir que los niños coman todo lo que está en el plato o limitar la cantidad de comida que el niño puede comer.

Las formas de criar a los hijos y algunos problemas diarios

Annie, de 4 años, le quitó la pelota a Luisa, otra niña.

  • Padre estricto: Ven inmediatamente y devuélvele la pelota a Luisa ya.
  • Padre moderado: La pelota es de Luisa. Sé que quieres jugar con ella, pero ¿por qué no hablas con Luisa y se turnan para jugar?
  • El padre permisivo, pensando que Annie debe expresar sus impulsos libremente no sugiere una solución ni utiliza la oportunidad para ayudarla a resolver el problema.

Richard, de 12 años de edad, quiere alquilar un DVD prohibido para menores de 17 años, del que sus amigos han estado hablando.

  • El padre estricto se enoja y le dice que no puede alquilar más DVD.
  • El padre moderado le dice que no y lo ayuda a elegir un DVD más apropiado.
  • El padre permisivo le permite alquilarlo cuando quiera.

¿Qué pasa con los estilos de los niños?

La crianza no ocurre en el vacío sino que es una situación interactiva. Los niños también tienen estilos, o temperamentos, que se mezclan con los estilos de los padres, y tienen efectos unos sobre los otros. Los niños nacen con una tendencia a reaccionar hacia los demás y hacia las distintas situaciones de maneras específicas. Esta manera preferida de responder se denomina temperamento. A menudo los niños de una misma familia tienen temperamentos diferentes, y los padres con varios hijos pueden reconocer estas diferencias y reaccionar de distinta manera según el niño. Por ejemplo, un padre tendrá una respuesta probablemente diferente hacia un niño demasiado activo e impulsivo que hacia un niño tímido e introvertido. Quizá desalentaría el comportamiento impulsivo en el niño activo, pero fomentaría el comportamiento firme en el niño tímido.

Las diferencias en los temperamentos de los niños pueden apreciarse desde la lactancia. Los investigadores han delineado tres estilos de temperamento amplios, a saber:

  • Los niños fáciles son tranquilos, alegres, adaptables, regulares en sus hábitos alimenticios y de sueño, de buen humor e interesados por nuevas experiencias.
  • Los niños difíciles son generalmente quisquillosos, irregulares en sus hábitos alimenticios y de sueño, poco adaptables, temerosos de nuevas situaciones y personas, fáciles de enojar, inquietos e intensos en sus reacciones.
  • Los niños que tardan en sentirse cómodos son relativamente inactivos, reflexivos, tienden a rechazar o reaccionar negativamente ante algo nuevo, pero sus reacciones gradualmente y con la experiencia se hacen más positivas.

Es la mezcla o la "capacidad de ajuste" entre padres e hijos lo que más importa. La buena o mala relación entre un niño y sus padres determina si habrá armonía entre ellos. El temperamento, sin embargo, no está grabado a fuego. A pesar de que se ha demostrado que es constante a lo largo del tiempo, el entorno familiar y las experiencias a lo largo de la vida pueden modificarlo. Aquellos padres que son sensibles al temperamento de sus hijos y que reconocen las virtudes únicas de sus hijos, harán que la vida en familia sea más llevadera. Por ejemplo, al enfrentarse a una situación nueva, el padre de un niño al que le cuesta sentirse cómodo deberá ser paciente y darle al niño más tiempo para evaluar la situación. Un niño difícil quizás necesite practicar de antemano el comportamiento esperado para ayudarlo a enfrentarse a la nueva situación.

Obviamente, padres e hijos son individuos, y es difícil categorizarlos. La mayoría presentará características de varios estilos, pero con el tiempo prevalece generalmente uno.

Qué deben recordar los padres

Considere cómo su propio temperamento se combina con el de su hijo.

Adáptese al temperamento de su hijo y anímelo para que realice las tareas a su propio ritmo.

Deje en claro cuáles son sus expectativas. Fijar límites ayudará a su hijo a desarrollar autocontrol.

Aliente a su hijo para que trabaje junto con usted en la búsqueda de soluciones a los problemas.

Haga de las comunicaciones una prioridad. Esté abierto a la discusión; tómese tiempo para explicar sus decisiones y motivos, y escuche el punto de vista de su hijo.

Hágale saber que sus opiniones son respetadas, pero manténgase firme en sus decisiones.

Respete las virtudes individuales de cada niño y no los compare.

Referencias y libros relacionados

Baumrind, D. (l989). Rearing competent children: In W. Damon (Ed.) Child development today and tomorrow . San Francisco: Jossey-Bass. 349-378.

Darling, N. & Steinberg, L. (1993). Parenting style as context: An integrative model. Psychological Bulletin , 113(3), 487-496.

The Heart of Parenting: Raising an Emotionally Intelligent Child
J.Gottman & J. DeClaire 1997
Simon and Schuster