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Los Niños y el Dolor: Lo que Saben, Cómo se Sienten, Cómo Ayudarlos

by Robin F. Goodman, Ph.D.

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Introducción

Se calcula que más de 2 millones de niños en los Estados Unidos, o casi más del 3%, experimentan la muerte del padre o de la madre antes de los 18 años. Casi tres cuartos de estas muertes son anticipadas. El porcentaje es mucho mayor cuando las estadísticas incluyen experiencias que generalmente tienen los niños, como la muerte de abuelos, parientes, hermanos, compañeros de escuela y mascotas. Con tantas tragedias que ocurren en todo el mundo, los niños también están expuestos a la pérdida de la vida muchas veces antes de convertirse en adultos. Así, no es posible ocultarles la realidad a los niños ni protegerlos de ella, y tampoco los adultos deberían intentar hacerlo. Nos hemos percatado de que en realidad los niños sí sufren la pérdida y se los puede ayudar en el proceso del duelo.

Tipo de pérdida

La pérdida física real de una persona es la pérdida principal que experimenta el niño. El significado de la persona para el niño se sentirá en innumerables formas en toda su vida. Sin embargo, la muerte significa más que la pérdida de la presencia física de la persona. Las pérdidas secundarias o los cambios afectan al niño de formas significativas. Entre ellas se incluyen:

  • Pérdida y cambio de su ser. Las personas se definen de muchas formas diferentes. La identidad, la seguridad en sí mismo, el sentido y la comprensión de la salud física, la personalidad y la función en la familia pueden cambiar a una persona con la muerte de alguien.

  • Pérdida y cambio de seguridad. El sentido de la seguridad emocional y física a menudo se ve convulsionado. Además, puede venir acompañado de un cambio en la seguridad financiera y el estilo de vida que se pueden sumar a los aspectos de la vida afectados por la pérdida.
  • Pérdida y cambio de significado. Es frecuente una reestructuración y reevaluación de las metas y los sueños de la vida. Además, los niños y los adolescentes pueden reconsiderar y cuestionar su fe e incluso el deseo de vivir y la capacidad de recobrar la alegría.

Factores que afectan la adaptación a corto y a largo plazo

Una variedad de factores afectan la adaptación del niño a la muerte. Entre ellos se incluyen:

  • Tipo de muerte. Cualquier muerte es dolorosa y es una experiencia que altera la vida. Sin embargo, cuando la muerte ha sido consecuencia de una enfermedad prolongada, la familia tiene la oportunidad de prepararse, planear los últimos días, participar en el proceso de la muerte y tal vez tomar medidas de salud mental preventivas. El impacto de una muerte repentina puede dificultar aún más la comprensión y la aceptación, lo que produce diferentes emociones. Ciertas causas, como suicidio, homicidio, SIDA o sobredosis de drogas todavía conllevan descrédito y vergüenza, lo que complica aún más el dolor y el duelo.

  • Funcionamiento físico y emocional de los adultos o padres sobrevivientes. Los niños reaccionan ante la respuesta de los padres. Si el dolor y la tristeza abruman al padre o la madre, el niño puede asustarse ante tanta emoción intensa. Del mismo modo, un padre o madre que niega la muerte puede confundir o limitar la propia expresión de tristeza del niño. Además, el niño puede verse afectado por la disponibilidad física o emocional del padre o de la madre.
  • Características demográficas del niño y de la familia, como la edad y la condición socioeconómica. La capacidad de los niños para comprender el significado absoluto de la muerte se ve limitada por la edad y la comprensión cognitiva de la muerte. Las familias también pueden verse más o menos limitadas en su capacidad de acceder a ayuda para las necesidades inmediatas y a largo plazo.
  • Personalidad y temperamento del niño. Los niños tienen sus propios estilos individuales de funcionamiento y de enfrentar situaciones adversas, y en un momento de crisis, se pueden exagerar ciertas características y se puede apelar a ciertos recursos. Un niño precavido o ansioso puede ser más temeroso durante un tiempo y un niño práctico puede comenzar rápidamente a restablecer una rutina.
  • Factores de riesgo preexistentes como enfermedad mental anterior o problemas sociales o de aprendizaje. A los niños con otros problemas puede costarles más sobrellevar una pérdida. Pueden tener más dificultad en entender o manejar los cambios de su vida o pueden tener menos habilidades sociales o relaciones sociales tensas con los pares, lo que les dificulta aprovechar las amistades que pueden servir de apoyo.
  • Estructura, funcionamiento y relación familiar. Todas las familias tienen un estilo particular para funcionar y relacionarse. Las que tienen un sistema abierto de comunicación y una cultura sólida ofrecerán consuelo y seguridad para los niños. Las relaciones tensas, las peleas, los resentimientos o los conflictos existentes pueden interferir en la capacidad de la familia para unirse.
  • Calidad de la relación anterior. El tipo de relación compartida entre dos personas antes de la muerte afecta la forma en que se siente la pérdida y la recuperación emocional. Los hermanos, que normalmente pelean, pueden sentir la pérdida de un compañero de juegos cuando el hermano muere, pero también pueden sentir arrepentimiento y culpa. Del mismo modo, un adolescente rebelde puede sentirse culpable por las palabras crueles que le dijo al padre o la madre en un momento de ira.
  • Factores coincidentes y estresantes de la vida como problemas financieros, situaciones difíciles de vida, divorcio o enfermedad. Otros factores estresantes existentes pueden complicar la adaptación a una muerte y dejar al niño y a la familia con un sentimiento abrumador o con falta de energía. Ciertas situaciones, como un divorcio o enfermedad de otros familiares también pueden poner a prueba nuestra capacidad para sobrellevar el problema y pueden sumarse a un sentido de inutilidad o falta de seguridad.
  • Servicios de apoyo, intervenciones y redes provistas y disponibles, antes, durante y después de la muerte. Como el niño sentirá que falta algo después de una muerte, es útil que haya personas familiares disponibles para llenar el vacío. El niño puede recurrir a un consejero confiable o a otra persona de su entorno inmediato, un entrenador o un maestro de religión. Algunos niños pueden tener dificultades para establecer una conexión personal fuerte con alguien nuevo. Sin embargo, si no pueden confiar en los apoyos existentes, se los puede ayudar rápidamente designando a una persona en particular para que asuma ese rol.

Respuestas: esperadas y expresadas

Esperamos ciertas reacciones de los niños cuando se enfrentan a la muerte. Su miedo, rabia, tristeza y culpa se relacionan con lo siguiente:

  • Capacidad para entender la situación
  • Preocupación por el bienestar físico y emocional de los demás
  • Deseo de proteger a los sobrevivientes
  • Reacciones ante los cambios de la vida en el hogar
  • Cambios en los roles y las expectativas
  • Sentimientos de ser diferente, estar solo o aislado
  • Sentido de injusticia
  • Preocupación por que lo cuiden y por el futuro

Los niños expresan su dolor a través de lo siguiente:

  • Comportamiento
  • Emociones
  • Reacciones físicas
  • Pensamientos

Hay algunas formas previsibles con las que los niños entienden y responden a la muerte en diferentes edades.

Bebés y niños pequeños: Antes de los 3 años
Los niños muy pequeños tienen poca comprensión de la causa o de la finalidad de la muerte, como lo ilustra la creencia de que las hojas se pueden rastrillar y volver a colocar en los árboles. Probablemente reaccionen ante la separación de una persona importante y ante los cambios en su mundo inmediato. Los niños pequeños son curiosos por el lugar adonde van las cosas y les encantan los juegos de esconderse y reaparecer. Su angustia ante los cambios en su entorno después de una muerte se manifiesta a través de lo siguiente:

  • Llanto
  • Búsqueda
  • Cambio en los hábitos de sueño y alimentación

Niños en edad preescolar: de 3 a 5 años
Con el lenguaje y el aprendizaje aparece el interés por el mundo y los niños de esta edad tienen muchas preguntas, que a menudo repiten. Tratan de usar la información recientemente adquirida. Un niño de 4 años en el avión por primera vez, mira por la ventanilla y pregunta: "Estamos en el cielo. ¿Dónde están todas las personas?". Se concentran en los detalles de la muerte y también pueden personalizar la experiencia, tal vez percibiendo incorrectamente que la causa proviene de ellos. Para los niños, estar muerto puede significar vivir bajo circunstancias diferentes así que aun cuando el niño haya visto que se entierra a alguien pueden preocuparse por si esta persona pasará hambre. A esta edad, la muerte se equipara con el castigo. Pero también lo ven como algo reversible, porque estar muerto significa estar quieto y estar vivo significa moverse. Cuando juegan al policía y al ladrón, si alguien recibe un disparo en el "juego", simplemente se para y ya está vivo de nuevo. Los niños de esta edad tienen capacidad para estar tristes, enojados, temerosos o preocupados, y comunican estos sentimientos a través de lo siguiente:

  • Berrinches y peleas
  • Llanto
  • Apego
  • Regresión a comportamientos anteriores (como pesadillas, orinarse en la cama, chuparse el dedo)
  • Miedos de separación
  • Pensamiento mágico de que la persona puede reaparecer
  • Actuar y hablar como si la persona todavía estuviese viva

Niños en los primeros años de la escuela: de 6 a 9 años
Los niños de esta edad tienen el vocabulario y la capacidad de comprender conceptos simples relacionados con gérmenes y enfermedades. Existe una fascinación por los detalles concretos como forma de organizar la información. Cuando les preguntamos qué sucede cuando alguien se muere, un niño de 6 años responde "hay como un automóvil especial que viene y los recoge, como un tipo de furgoneta especial que no tiene asientos adentro". Tienen un sentido de la importancia y de los factores que contribuyen a la salud y la seguridad personal. Aun así, sus emociones y la comprensión pueden ser incongruentes. Por lo tanto, vemos sus creencias menos sofisticadas como creer en el poder de que sus propios pensamientos pueden provocar cosas malas. También personifican la muerte y piensan que un ser imaginario y malo ("coco" o "cuco") puede raptar y llevarse a la gente. Probablemente manifiesten lo siguiente:

  • Ira
  • Negación
  • Irritabilidad
  • Autorreproche
  • Fluctuaciones en el estado de ánimo
  • Retraimiento
  • Comportamientos anteriores
  • Problemas en la escuela como evasión, dificultad académica, falta de concentración

Niños en los años medios de la escuela: De 9 a 12 años
A los 9 o 10 años, los niños han adquirido una comprensión madura de la muerte. Saben que: (1) es un estado permanente; (2) no se puede revertir; (3) una vez que te mueres el cuerpo ya no puede funcionar; (4) les sucederá a todos en algún momento; (5) les sucederá a ellos. Esta comprensión adulta puede estar acompañada de respuestas adultas como tener un sentido de responsabilidad, sentirse diferentes, proteger a otras personas que se han visto afectadas, pensar que ciertas emociones son infantiles o que deben aparentar estar bien. Las reacciones más comunes son las siguientes:

  • Llanto
  • Agresión
  • Nostalgia
  • Resentimiento
  • Aislamiento, retraimiento
  • Trastornos del sueño
  • Represión de emociones
  • Preocupación por la salud física
  • Problemas o disminución del rendimiento académico

Púberes y adolescentes
Como claramente pueden entender la significación de la muerte, las respuestas de los adolescentes están directamente relacionadas con tareas del desarrollo. Mientras se esfuerzan por obtener independencia, pueden sentirse resentidos o inseguros de sí mismos, aunque con la presión de asumir un rol adulto. Tienen una visión de futuro, cuestionan su propia mortalidad, se preguntan "¿qué hubiera pasado si...?", piensan en las formas en que su vida cambia para siempre o anticipan acontecimientos que serán diferentes de lo que imaginaron como la graduación o su boda. Pueden tener miedo de exponer sus sentimientos fuertes que pueden ser negados o ignorados, o reemplazados por rebeldía adolescente. Las reacciones comunes son, entre otras, las siguientes:

  • Letargo
  • Ira
  • Resentimiento
  • Ansiedad
  • Culpa
  • Sentido de mayor responsabilidad
  • Compromiso
  • Conductas de toma de riesgos y personificación
  • Evasión de sentimientos
  • Distancia
  • Miedo de la muerte
  • Cambios en el apetito y el sueño
  • Dolencias físicas
  • Disminución en el rendimiento académico o apatía

Cuándo pedir ayuda

Los niños y los adolescentes corren más riesgo de sufrir problemas de adaptación en el primer año después de la pérdida, con un 10 a un 15% de riesgo de sufrir problemas, principalmente en la forma de depresión. Se cree que la mayoría de los niños y los adolescentes se adaptan emocionalmente y regresan a su funcionamiento saludable en la escuela, el hogar y con los amigos al año de producirse la muerte. Sin embargo, algunos niños desarrollan problemas más graves que justifican la atención de un especialista en salud mental, y algunos problemas pueden surgir incluso dos o más años después cuando se enfrentan a tareas del desarrollo o desafíos de la vida. En especial, dependiendo de la edad del niño y de su situación y de la intensidad, la frecuencia y la interferencia de los diferentes síntomas, las causas de preocupación son, entre otras, las siguientes:

  • Negación o evasión prolongada del tema, falta de respuesta reconocida ante la pérdida
  • Cambios o alteraciones en el sueño, el apetito o el peso
  • Períodos prolongados de tristeza, falta de interés en las actividades, sentimientos de desconsuelo y desesperanza, incapacidad de vivir momentos de alegría, vacío profundo
  • Sentimientos ambiguos y generalizados de culpa y depresión, en lugar de tristeza relacionada con la muerte
  • Incapacidad de responder al consuelo, rechazo del apoyo
  • Retraimiento intencional de los amigos, pérdida de la sociabilidad
  • Imposibilidad de dormir, pérdida de apetito, miedo prolongado de estar solo
  • Dolencias físicas prolongadas en lugar de transitorias
  • Comportamiento más infantil durante un tiempo prolongado
  • Arranques destructivos
  • Euforia inadecuada
  • Propensión a los accidentes
  • Conducta inadecuada/ilegal
  • Disminución del rendimiento escolar, negativa a concurrir a la escuela
  • Ansiedades persistentes sobre la propia muerte o enfermedad
  • Dolor excesivo, dificultad para llorar o para controlar el llanto
  • Representación o imitación de la persona que murió
  • Afirmaciones reiteradas sobre el deseo de irse con la persona fallecida, lo que indica intento de autoinfligirse daños en lugar de simplemente la nostalgia por estar juntos

Tareas para sobrellevar la pena

Sabemos que los niños, al igual que los adultos, experimentan la pena a su manera, que los sentimientos cambian con el tiempo y que el proceso de duelo a veces continúa durante toda la vida. Puede haber un flujo y un reflujo de emociones y situaciones, que desencadenan nuevos pensamientos y formas de pensar sobre la persona que falleció y la vida propia sin esta persona. En lugar de creer en una serie fija de etapas por las que se deben pasar, el trabajo se conceptualiza con tareas diferentes que se deben sobrellevar o resolver. Las tareas de duelo para los niños se han diseñado sobre el modelo de las tareas identificadas para los adultos de la siguiente forma:

  • Los adultos necesitan aceptar la realidad de la pérdida. Los niños necesitan entender que la persona realmente murió. Entender significa creer que la muerte ocurrió, entender los sentimientos sobre la muerte y aceptar los cambios que sobrevienen. Un niño necesita aceptar que papá no peina el cabello tan bien como mamá o que la familia debió buscar una nueva niñera porque mamá empezó a trabajar para ganar dinero después de que papá murió.

  • Los adultos necesitan elaborar el dolor o el duelo. Los niños también deben afrontar la pena de la pérdida y se enfrentan a sentimientos futuros relacionados con la pérdida. Un paso necesario es experimentar en lugar de evitar los sentimientos. Experimentar y enfrentar los sentimientos difíciles nos permite controlarlos y dejarlos atrás. A medida que los niños crecen, su comprensión y sus sentimientos sobre la persona que murió pueden cambiar y por eso se deben tener en cuenta. Los sentimientos ignorados en algún momento pueden derivar en síntomas físicos y dificultades emocionales, o ejercer más presión más adelante en la vida. Es posible que el niño necesite decirle a la madre que nunca será tan buen jugador de béisbol como su hermano mayor que acaba de morir.
  • Los adultos se adaptan a un ambiente en el cual la persona ya no está. Los niños se enfrentan a la tarea de invertir en nuevas relaciones y desarrollar una nueva identidad basada en la pérdida. La percepción y la comprensión ocurren con el tiempo cuando la muerte le da forma a la vida de diferentes maneras nuevas. Los niños se enfrentan diariamente a cambios concretos en la rutina y en las responsabilidades y roles. Aceptar las diferencias incentiva el control activo en lugar de la evasión pasiva. Mientras que una esposa necesita hacerse cargo de las finanzas familiares, un adolescente varón tal vez deba buscar un trabajo de medio tiempo y desarrollar un lazo fuerte con su entrenador como modelo y guía masculino.
  • Los adultos deben reubicar emocionalmente a la persona que murió para seguir adelante. Los niños logran esta tarea reevaluando la relación, manteniendo un sentido interno de la persona y siguiendo con sus tareas normales de desarrollo. Gradualmente, a medida que pasan los días y los meses, el enfoque emocional intenso y los sentimientos pierden importancia cuando se restablece el equilibrio en la vida y se refuerzan los recuerdos. Existe una reinversión de energía física y emocional en otros aspectos de la vida. Esto se puede observar cuando un adolescente sigue forjando relaciones sólidas con los pares, cuando la familia disfruta una celebración del Día de Acción de Gracias y hablan sobre recuerdos felices de vacaciones pasadas, y cuando los niños se consuelan al darse cuenta que incorporaron las cualidades del padre o de la madre que murió, a su propia personalidad o vida.

Cómo ayudar

Se puede ayudar a los niños y los adolescentes a sobrellevar el duelo de diferentes maneras. Si bien se deben variar y adaptar los temas particulares y el contenido específico que se trata según la edad del niño y la situación, es útil que los padres y los adultos sigan estas pautas:

  1. Diga la verdad. La alternativa, es decir, ocultar la información, confunde a los niños que no pueden recurrir a los adultos para pedir ayuda, y desconfían de otra información. Evite cualquier información innecesaria.

  2. Sea simple y directo. Use las palabras y el lenguaje correcto. Si bien puede ser difícil para los adultos, es preferible decir que alguien se murió antes de confundir con eufemismos como "se fue a dormir", "pasó a mejor vida" y "lo perdimos".
  3. Tranquilice a los niños sobre el hecho de que no tienen la culpa.
  4. Modele respuestas apropiadas. No oculte sus emociones. Explique los sentimientos como una forma de ayudar a los niños a comprender los suyos, pero guarde su expresión de sentimientos intensos y dramáticos para los momentos privados con otros adultos.
  5. Busque formas de que el niño participe en las actividades de la familia si es posible. La participación en las rutinas de hospital o en los rituales del funeral en la forma en que se sientan cómodos puede desmitificar los acontecimientos para los niños y servir de cierre.
  6. Incentive al niño a hablar y hacer preguntas. Indague en lo que piensa y siente el niño, y corrija cualquier concepto o información equivocada.
  7. Aprenda a reconocer el ritmo propio del niño para revelar sus sentimientos y responda a él. Ofrezca oportunidades de consuelo estando disponible cuando el niño o el adolescente estén preparados o cuando manifiesten alguna emoción fuerte.
  8. Permita y promueva la expresión en forma privada, p. ej., en el uso de diarios o expresiones artísticas.
  9. Acepte y afirme las expresiones del niño. Acepte y normalice su respuesta.
  10. Tenga más de una conversación. La familiaridad del niño, su interés y las preguntas sobre situaciones difíciles cambian con el tiempo. Esté disponible y busque momentos u oportunidades en los que pueda enseñarle a explorar más los sentimientos.
  11. Brinde comprensión, apoyo y orientación y asistencia extra en las tareas escolares, las obligaciones sociales y las labores domésticas según sea necesario con el correr del tiempo.
  12. Explore sus sentimientos sobre la situación o la muerte. Comprender sus creencias y cómo hacer frente a la muerte puede estimular los sentimientos personales relacionados.
  13. Tenga en cuenta que los niños pueden hacer comparaciones, pueden comentar y desear que las cosas sean como eran antes, comparar momentos del pasado y sucesos posteriores, comparar al progenitor sobreviviente con el que murió o su vida con la de los demás.
  14. Hable y busque el apoyo de otros adultos (como maestros y entrenadores) que estén en contacto con los niños.
  15. Familiarícese con creencias y prácticas culturales y religiosas. Comprender los rituales y las costumbres específicas es importante para saber cómo responder, cómo adaptar el consuelo, qué hay dentro de la esfera de conductas esperadas y cómo preparar y hacer participar a los compañeros de clase.
  16. Controle la respuesta del niño con el tiempo y consulte cualquier preocupación que tenga con un especialista en salud mental.
  17. Aliente al niño a recopilar recuerdos y a construir y mantener las evocaciones.

Sobre la autora

La Dra. Robin F. Goodman es psicóloga clínica y está realizando su especialización en temas relacionados con el duelo.

Referencias

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