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Los padres en general son los primeros en darse cuenta de que su hijo tiene un problema. ¿Cómo pueden decidir si la dificultad es provisoria o si necesitan ayuda profesional? Hablar con otros adultos que forman parte de la vida del niño, es decir, su médico, sus maestros, sus entrenadores, sus familiares, proporcionará un panorama más amplio. Estos son algunos signos que sugieren que el niño puede tener un conflicto:

  • Problemas de conducta en la escuela o entornos sociales
  • Hiperactividad o inquietud más allá de lo que se espera para la edad
  • Miedos, tristeza o sentimientos de angustia en exceso
  • Cambios en los patrones de sueño o alimentación
  • Deterioro del desempeño escolar
  • Conducta agresiva
  • Desobediencia constante y oposición a la autoridad
  • Relaciones escasas con los compañeros
  • Quejas constantes de enfermedades físicas

Debe buscar ayuda y orientación profesional para su hijo cuando los síntomas y las conductas del niño:

  • interfieran en su desempeño;
  • se manifiesten en más de un entorno (como el hogar, la escuela o los entornos sociales);
  • duren más de seis meses;
  • incluyan otros problemas psiquiátricos, como ansiedad o depresión.

Algunas preguntas que debe hacer sobre estos síntomas son las siguientes:

  • ¿Cuán grave es el problema?
  • ¿Cuánto tiempo ha durado?
  • ¿Es apropiado considerando la edad del niño?
  • ¿Interfiere en la vida del niño y la familia?

Una vez que se tome la decisión de buscar ayuda, el siguiente paso es encontrar el tipo de ayuda indicada.. Como con la salud física, el pronóstico mejora cuando los problemas de salud mental se tratan en los primeros años de la vida del niño. Para los padres que no están seguros por dónde deben comenzar, hablar con el médico de su hijo, el médico de su familia o el asesor escolar puede resultar útil. Los amigos, familiares y líderes espirituales también pueden dar recomendaciones.